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François de Laval
Un hombre audaz

Corresponde al gran Maestro de la cosecha enviar a sus trabajadores a su viña, toda nuestra industria humana y nuestras afanosas atenciones no avanzan la obra del Buen Dios.

Sus pensamientos

Selección de extractos de diferentes cartas y documentos escritos por François de Laval

Debemos poner toda nuestra confianza y nuestra fuerza en Dios… Es necesario dejarse guiar por la Providencia.

 

Que traten de evitar dos extremos que hay que temer en aquéllos que se dedican a la conversión de almas: esperar demasiado o desesperar demasiado.  Aquéllos que esperan demasiado, son a menudo los primeros en desesperar de todo a la vista de las grandes dificultades que encuentran en la misión de conversión de infieles, que es más la obra de Dios que la industria de los hombres. Que recuerden que la semilla de la palabra de Dios da fruto con paciencia. Aquéllos que no tengan esa paciencia están en peligro, tras haber puesto mucho fuego al comienzo, de perder finalmente el coraje y dejar la empresa.  

(ANP 214)

 

El Espíritu de Dios requiere un corazón sosegado, recogido, y no un corazón inquieto y disperso. Es necesario un rostro alegre y modesto, hay que evitar las burlas y las risas desordenadas, y por lo general todo aquello que sea contrario a una modestia santa y alegre. Que tu modestia sea conocida por todos los hombres.

(ANP 215)

 

Todo aquello que la mano de Dios hace nos sirve admirablemente, aunque no veamos los efectos inmediatamente.  Hace muchos años que la Providencia conduce a esta Iglesia, y por consiguiente a nosotros, por caminos considerablemente penosos y duros tanto para lo espiritual como para lo temporal. Siempre que se haga su santa voluntad, no nos importa. Me parece que toda mi paz, mi felicidad en esta vida, es no (querer) tener otro paraíso. Es el reino que se halla dentro del alma el que es nuestro centro y todo nuestro ser.  Ruega por él, su santa Madre, su santo Esposo.

(ANP 207)

 

(...) todos los santos Ángeles y Espíritus bienaventurados, que él me (dé) la gracia de nunca querer nada excepto el cumplimiento de esta divina y amable voluntad per infamiam et bonam famam.

No tener nada en nuestra vida ni nuestras costumbres que parezca desmentir aquello que decimos.

 

Mas en medio de todas estas agitaciones, no debemos amilanarnos: Si los hombres tienen el poder de destruir, la mano de Nuestro Señor es infinitamente más poderosa para construir. No tenemos más que serle fieles y dejarle hacer.

Todo tipo de razones deberían retenerle, mi querido Padre (Ménard), pero Dios, más fuerte que todas nuestras razones, le quiere en el país al que va.  

 

No puedo escribirle de mi puño y letra, ya que me estoy restableciendo de una enfermedad que creíamos era mortal. Es en este estado cuando reconocemos la verdad de que sólo existe Dios y que lo demás no es más que la nada absoluta.

A menudo, una palabra agria, un gesto impaciente, un rostro hosco, destruyen en un momento lo que habíamos conseguido después de mucho tiempo.

 

Ruego a Nuestro Señor y a su Santa Madre que todo el país reconozca esta gracia y que sólo los intereses de Dios sean en el futuro su único interés.  

 

La oración fue más eficaz que la fuerza de las armas. (durante la guerra contra los ingleses).

Nuestro Señor es amable en todo, y tomando todo de su divina mano, gozaremos siempre de una paz que los hombres no nos pueden quitar.

Convenceos todos de que, al ser enviados a trabajar por la conversión del mundo, tenemos la tarea más importante de la Iglesia, la que os obliga a ser dignos instrumentos de Dios.  

 

Hace mucho tiempo que Dios me otorgó la gracia de ver todo lo que me ocurre en esta vida como un resultado de su Providencia.  

No debemos tener otro interés que no sea agradar a Nuestro Señor

Debemos hacernos amar por nuestra dulzura, nuestra paciencia y nuestra caridad.

Es bien justo… que no vivamos más que la vida de puro abandono en todo aquello que concierne tanto al interior como al exterior.

 

Que e se acuerden (misionaros) que la semilla de la palabra de Dios sólo con paciemcia lleve sus frutos.

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